Había una vez un reino,
que quedaba en la loma del ano,
y como corresponde al ano,
su rey era El Rey Eno,
o sea todo un excremento.
La gente quería vivir como reyes,
y vivían como el ano,
la vida era un excremento,
el dinero no valía un excremento,
los presidentes eran un excremento,
y estaban completamente al gas.
El Rey Eno no gozaba de prerrogativas,
de ninguna clase y era pobre.
Pero como era rencoroso,
por no recibir veneración alguna,
ni parte alguna del tesoro;
los hacía trabajar a todos,
para ganarse el sustento,
y le pagaba con papelitos,
que no valían un excremento,
usesé también como el dinero.
El Rey Eno no mandaba a nadie,
no tenía ni santo ni seña,
pero se hacía una fuerza bárbara,
para no terminar preso,
de las políticas de la loma del ano.
Que las más de las veces,
lo querían expulsar del reino.
Su corona etérica como de gas,
era una verdadera aura magna,
que le prodigaba mucha sabiduría,
desde su más tierna juventud.
Gracias a lo cual se borró,
de entre los que estaban,
marcados por el diablo.
Gracia esta que no gozaba el pueblo,
Entonces el era casi único,
entre tantos diablos,
y para estos no había,
nada que les viniera bien;
toda vez que viniese del Rey Eno.
Porque era casi un santo entre diablos,
un libre entre sometidos.
Y todo lo que dijese,
era absolutamente al gas,
cosa de lo que estaban convencidos.
Como él los delataba frente al Señor,
porque era agresivo con los diablos,
la vida de ellos era un excremento.
y estaba destinada solo a pasar
como agua debajo del puente.
La gente le decía al Rey Eno,
no tenés que hacer nada,
y aún hoy a los 32 años de su reinado,
no hace nada de nada;
y tras años de ser un duro crítico,
de tanto político como pasaba,
ya ni eso hace,sólo los mira.
En el fondo sabe bien que...
nunca llegarán a ser ni un excremento.
Por más vueltas que le den al asunto.
Infeliz ante tanta impotencia,
sólo les desea que se vayan,
al fondo del pozo de excrementos,
es decir que caigan rendidos a sus piés.
Que las cucarachas los tarasconeen,
y los gusanos crezcan en sus panzas.
Que el agua les llegue hasta el cuello,
y sus almas se vayan como un gas.
Que el gran río se los lleve,
hasta el hielo del polo sur.
Y todo esto por querer ser como él,
e inclusive más que él,
se los confiesa fraternalmente,
José La Raya.